miércoles, 28 de mayo de 2008

Basel y Rainer Brambach






Hace tiempo que busco un nombre

para darte, rival mío:

tú me impones el yugo, el pesado

saco de arena, tu gastado martillo;

me conviertes en esclavo.

Te llevo del campo a la sopa vespertina,

siento tu peso,

cuando se levanta la luna y vuela el murciélago.

En la mesa los otros me llaman soñador,

mientras mi nuca se inclina hacia ti,

muy cerca de la derrota.

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