He
vivido en muchas casas.....como si mi familia tuviera una rara herencia
migratoria y un sino que continuar en toda su estirpe. Nunca me pesó
esa circunstancia, al contrario, mis padres me enseñaron desde pequeña
que el habitat se puede cambiar, que puedes vivir bajo el mismo techo
unos años pero que el espacio no tiene que ser siempre igual, lo puedes
construir tú bajo una estructura arquitectónica, y puede ser tan
cambiante como impere la necesidad, o tus ganas decorativas.
Este afan renovador
de mis padres calo hondo en mi desde pequeñita y por eso tengo un
recuerdo nitido desde cuando solamente tenia nueve años y creia
pertenecer a una cuadrilla de pintores, empapeladores, restauradores y
oficios varios constructivos que nos dieron ciert
a habilidad para tener un habitat encantador y baratisimo al realizarlo con nuestras propias manos.
He
tenido también muchas mudanzas al ser una familia de poco reposo, y
bastaba comprar un mueble nuevo para que mis padres le diesen una vuelta
entera a los demás hasta encontrar la ubicación perfecta del recién
llegado.
Cuento toda esta perorata
para que comprendais mejor porqué mi mente esta condicionada cada vez
que entro en un espacio y enseguida se pone a trabajar para hacerlo mas
bello y mas mío.
Compramos
en mitad de la cornisa, en San Juan de Aznalfarche un caserón enorme en
el ochenta y cuatro que estaba tan destrozado como está ahora en la
actualidad. «Chalet Chaboya», como rezaba en las escrituras, y que los
niños y jovenes de la Bda. Guadalajara y el Monumento llamaban El
Castillo, lugar de juegos y de reunión clandestina y aventurera por el
miedo y respeto que producía al estar enclavada en un sitio estratégico,
en mitad de la cornisa del Aljarafe. Tenía un aspecto misterioso al
modo de casa Psicosis de Hitchcock. Ellos... habían tomado el espacio como
hogar pandillero y muchos sueños juveniles se hicieron realidad en este
singular espacio.
Para
mi fue todo un reto la adquisición de esta casa....me costó primero
convencer a Gonzalo para comprarla, pero con la ayuda de mis padres
logramos cambiar el pensamiento de compra ruinosa e imposible de
restaurar, a verla como la adquisición de un espacio a medio construir
que podríamos ir arreglando poco a poco con nuestras habilidades.
Pacientemente,
con mucho esfuerzo, (eramos un matrimonio joven y con un sueldo medio)
reconstruimos, primero, la parte de abajo donde vivimos unos años hasta
que tuvimos posibilidad economica de ir restaurando el
resto.....nuestras manos encallecieron y aumentaron de tamaño al tiempo
que mis espaldas se fortalecían y adelgazaba....mi ropa habitual era un
mono de trabajo y nuestro descanso saborear unos caracoles picantes en
el bar de Miguel al terminar la jornada (aderezados con todo el polvo
acumulado en el pelo y en la cara). Era feliz.....porque cada día iba
viendo una mejora en la casa, Gonzalo me ayudaba los fines de semana y
mi hermano Carlos y Reyes también....llegó el tiempo en que ya habiamos
desescombrado y hecho todas las regolas para meter la luz y contraté una
cuadrilla de albañiles que dirigía personalmente( no habia presupuesto
para otra cosa). Eran muy trabajadores pero a veces no comprendían las
virguerias que pretendía hacer, pero terminamos siendo como una
cuadrilla de gente que iba aprendiendo sobre la marcha a mejorar nuestro
oficio.
Algunos
niños de la barriada subían curiosos a ver que estaba pasando en El
Castillo y otros se quedaban a echar una mano como Pedro, Sedas y Paco,
el hijo de Evaristo «el materia», y de verdad, que nos echaron una buena
mano.
Nuestro
objetivo se cumplió y el dia de año viejo del 84, por fin, se terminó
de pulir a las once de la mañana el suelo del salón.... hicimos varios
viajes con muebles en una furgoneta que alquilamos en la
barriada....terminamos de colocar las camas....nos duchamos y a las doce
nos tomamos las uvas por primera vez en nuestra casa. Vinieron más años
de uvas....hasta el 2002, año en que Gonzalo murió. La mantuvimos como
oficina unos años más, y en el 2006 la vendimos.
Esta
casa supuso para mi familia un logro al esfuerzo y la constancia,
primero, de todos los que participaron en su realización, despues, con
la edad, llegó la valiosa ayuda de mis hijos y sus amigos ( a cambio de
alguna fiesta.... que gozaron y gozamos. Mis padres ayudaron y
colaboraron en los muchos trabajos a realizar y también anduvieron
subidos en los andamios pintando. Mi amiga Reyes se convirtió en la
mayor colaboradora que se puede tener y en todo momento fue participe
de su evolución, tengo que agradecerles a sus padres, que soportaron a
mis hijos muchas veces mientras trabajabamos, y a Antonio, su hermano,
que hacia de niñero de mi hijo Gonzalo. No puedo tener más que palabras
de agradecimiento a toda la barriada Guadalajara por el buen acogimiento
que nos brindarón.
Hemos disfrutado mucho de esta casa y de la
vida sencilla y entretenida de la barriada y sus gentes, amigos todos, de sus fiestas y su " Velá",
donde perdurabamos hasta altas horas de la noche ya que el sonido de la
música en nuestra casa, allí arriba en la cornisa, se hacia
ensordecedor, de las charlas en el bar de Miguel y del juego de la rana
en la esquina de Luque, donde corría ese fresquito tan especial que
venia de las aguas del tunel del tren de las minas de Cala.
Hace
unos días subí con Roberto y Adolfo, mis hijas y nietos a visitarla, y
tengo que decir que se me encogió el corazón por su deterioro y destrozo
tan brutal, en tan solo cinco años, y me rebrinqué contra esta sociedad
que permite esta barbarie, el destrozo por el destrozo sin utilidad alguna, contra el Ayuntamiento que me obligó durante
años a conservar y mantener esta casa catalogada por Bellas Artes, y
que no ha hecho nada por conservarla (es su obligación, o por lo menos,
amonestar a su propietario actual con multas, ya que tienen una cedula
urbanistica que lo exige, segun las ordenanzas municipales). Lo mismo
que se me exigió durante 22 años a mi. Yo misma he ido a dar parte a la policia y tengo el testimonio de mucha gente de la barriada que lo ha hecho también, sin conseguir resultado alguno.
Sé que la bisnieta de los
antiguos dueños esta intentando recuperar esta casa por la memoria de su
bisabuelo Otto Engelhardt, personaje singular de Sevilla por sus multiples
y valiosas aportaciones (buscar su nombre en la red, o "Villa Chaboya"y
encontrareis multiples páginas que hablan de ello) y que fue asesinado
en la guerra civil por las tropas franquistas, queriendo ubicar en ella,
para su recuperación definitiva, la Plataforma para la Memoría
Historica de San Juan de Aznalfarache.
Quiero demostrarle todo
mi apoyo en este fin, y que cuente conmigo para todo lo que signifique
la recuperación de este hermoso e historico lugar, dando testimonio del
intenso esfuerzo por embellecerla, respetando sus paredes, y sacando a
la luz sus fachadas ocultas, la firma de su abuelo Otto en las cerchas, como testimonio de su construcción, y mis ventidos años respetando este maravilloso espacio.
enlaces para
Otto Engelhardt :
https://es.wikipedia.org/wiki/Otto_Engelhardt
https://sevillanosilustres.wikispaces.com/Otto+Engelhardt
El Pais
https://youtu.be/THHx6eoyDKS
Os iré mostrando paulatinamente más información de Chalet Chaboya, o Villa Chaboya si la identificáis mejor así. Como muestra, os pongo una foto del antes ( cuando la compré en el 84 ) y uno de los arreglos posteriores. Hubo muchos más.....ah!....y nunca tire la escalera, como dice uno de los bisnietos de Otto en una declaración en el Pais, la casa me la encontre como está en la foto de abajo. El arco de yeseria ya no existía y lo demuestra el hollín de las hogueras que se hicierón posteriormente en la vivienda.