lunes, 10 de noviembre de 2008

Tu, otra vez


Que no hayas existido,
que no existas,
que no hayas de existir jamás,
nada importa;
nunca sabré perderte.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

No es decente acariciar
con precisión
el frío perfil de las estatuas.
No es decente tener
entre los dedos
el llanto impersonal
de su hermosura.En verdad
es necesario guardarlos allí:
donde duerme
con custodia
el horizonte.
Esbozando quizás
la más tímida condena.

Marina dijo...

Sentí un peso en el alma, un lastre agotador. Algo impreciso, con estertores presagiando muerte… era la decencia que llamaba a mi puerta. Cerré con mil cerrojos, acaricié las estatuas, con precisión, hasta sentir mío el frío perfil de su hermosura. Tomé entre mis pupilas su llanto impersonal y lo hice mío, personal y profundo. Nadie condena a un sollozo perpetuo al pájaro por tener bellos colores, ni al horizonte por lejano se le empuja al olvido. No condenen mi vida por amar, por sentir, por gozar, por tener los sentidos alerta y sentir en el aire la dulce respiración del amor dado.
Esto debería ser una poesía, pero todavía no se han levantado y he decidido dejarlas dormir.
Un beso guapísima

mojadopapel dijo...

Ya habéis hecho poesía con vuestros comentarios, variantes de un mismo sentimiento.

elena dijo...

No había hecho nunca nigún comentario, entre otras cosas, porque no sabía como hacerlo. Hoy me propuse averiguarlo y aquí estoy para decirte que me gustan mucho tanto las imágenes como las palabras. Saludos desde Vigo

mojadopapel dijo...

Gracias galleguiña por tus palabras, vives también en una ciudad preciosa me alegro verte por aquí, y tu blog me encanta.

Marina dijo...

Es que la decencia me "aparatosea" mucho. Sorry