miércoles, 25 de marzo de 2009

El Espino




Al lado tuyo, pero no
de tu mano: así te miro
andar por el jardín
de verano: las cosas
que no pueden moverse
aprenden a mirar. No necesito
perseguirte a través
del jardín; en cualquier parte
los humanos dejan
señal de lo que sienten, flores
esparcidas en el polvo del camino, todas
blancas y doradas, algunas
levemente alzadas
por el viento de la tarde. No necesito
seguirte adonde estás ahora,
hundido en la ponzoña de este campo, para
saber la causa de tu huida, de tu humana
pasión, de tu rabia: ¿por qué otra cosa
dejarías caer todo aquello
que has acumulado?

3 comentarios:

carmensabes dijo...

Wauuu, poesía para ahondar en lo más íntimo de los miedos del alma..

Una delicia!!

Marina dijo...

Demasiadas espinas para mi. Ya lo dije en el post de Manolo. Prefiero los lirios. El poema precioso... sí, precioso.
Un enorme beso guapa.

Femme d chocolat dijo...

Estupendo. No conocía a esta autora. Me gusta

Hay que teer cuidado con las espinas que andamos recolectando y sembrando. Porque -además- a menudo solemos dejarlas cavadas en quien menos culpa tiene, su única culpa suele ser tener la carne más blandita y accesible para que se claven.

Los "piedrolos" pocas veces reciben daño, y si lo reciben: ni se enteran, y si se enteran: Pasan!

^_^