domingo, 30 de noviembre de 2014

Alguna vez hablaremos glíglico?



Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Julio Cortázar, Rayuela, capítulo 68


3 comentarios:

Marina dijo...

Sí sí sí, claro que sí, fluido y sin acento.

Ve al blog de María, "El saco de mis pensamientos" tiene una entrada sobre Rayuela que te va a encantar.

Besitos preciosa mía.

Elena Martinez Peña dijo...

¿Perdón si peco pero ...que idioma es este?

mojadopapel dijo...

Es el idioma erótico o del amor, valido en ambos casos, inventado por Julio Cortazar y expresado magistralmente en el capitulo 68 de su libro Rayuela y que cada uno se atribuya el significado según su pasión e imaginación porque es exclusivo para cada pareja.