"Llegaron a conocerse tanto mientras se le soldaban los huesos de la mano, que él mismo se asombró de la fluidez con que ocurrió el amor cuando ella lo llevó a su cama de doncella una tarde de lluvias en que se quedaron solos en la casa".
Gabriel García Márquez. «El
rastro de tu sangre en la nieve»,
en Doce cuentos peregrinos
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