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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Destino de poeta






¿Palabras? Sí, de aire,
y en el aire perdidas.
Déjame que me pierda entre palabras,
déjame ser el aire en unos labios,
un soplo vagabundo sin contornos
que el aire desvanece.

También la luz en sí misma se pierde.

Octavio Paz

miércoles, 2 de abril de 2014

Recordando a Octavio Paz





Destino del Poeta

¿Palabras? Sí, de aire,
y en el aire perdidas.

Déjame que me pierda entre palabras,
déjame ser el aire en unos labios,
un soplo vagabundo sin contornos
que el aire desvanece.

También la luz en sí misma se pierde.

viernes, 31 de mayo de 2013

Tus ojos


Tus ojos
Tus ojos son la patria
del relámpago y de la lágrima,
silencio que habla,
tempestades sin viento,
mar sin olas, pájaros presos,
doradas fieras adormecidas,
topacios impíos como la verdad,
otoño en un claro del bosque
en donde la luz canta en el hombro
de un árbol y son pájaros todas las hojas,
playa que la mañana
encuentra constelada de ojos,
cesta de frutos de fuego,
mentira que alimenta,
espejos de este mundo,
puertas del más allá,
pulsación tranquila del mar a mediodía,
absoluto que parpadea, páramo.

Octavio Paz
 
 "Triste destino. El no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca, sin haber sido verde jamás." Cesar Vallejo.

jueves, 19 de mayo de 2011
























Junio




Llegas de nuevo, río transparente,
todo cielo y verdor, nubes pasmadas,
lluvias o cabelleras desatadas,
plenitud, ola inmóvil y fluente.

Tu luz moja una fecha adolescente:
rozan las manos formas vislumbradas,
los labios besan sombras ya besadas,
los ojos ven, el corazón presiente.

¡Hora de eternidad, toda presencia,
el tiempo en ti se colma y desemboca
y todo cobra ser, hasta la ausencia!

El corazón presiente y se incorpora,
mentida plenitud que nadie toca:
hoy es ayer y es siempre y es deshora.

lunes, 14 de marzo de 2011

Decir, hacer (Octavio Paz)


Entre lo que veo y digo,
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido
La poesía.
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.
Los ojos
se cierran
Las palabras se abren.

martes, 12 de mayo de 2009

Tus ojos


Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima,
silencio que habla,
tempestades sin viento, mar sin olas,
pájaros presos, doradas fieras adormecidas,
topacios impíos como la verdad,
otoño en un claro del bosque en donde la luz canta en el hombro de un árbol y son pájaros todas las hojas,
playa que la mañana encuentra constelada de ojos,
cesta de frutos de fuego,
mentira que alimenta,
espejos de este mundo, puertas del más allá,
pulsación tranquila del mar a mediodía,
absoluto que parpadea,
páramo.

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Escucha este diálogo a ver si te resulta conocido:

MARIDO - ¿Dónde está la mantequilla?

ESPOSA - Pues en la nevera.

MARIDO - Ya he mirado, pero no veo la mantequilla por ningún lado.

ESPOSA - Pues mira bien porque está ahí. La he dejado hace diez minutos.

MARIDO - No. La habrás dejado en otro sitio porque te repito que la mantequilla no está en la nevera.

La esposa, cansada de discutir, va a la cocina, alarga el brazo hasta la nevera y, por arte de magia, saca la barra de mantequilla.

La mujer se molestará y acusará al hombre de descuidado. El hombre también se molestará y pensará que ella le esconde las cosas para burlarse de él.

Puede que este marido sea, realmente, un descuidado. O que aquel otro se haga el loco porque quiere que la mujer le resuelva la vida cotidiana. Pero aunque estos casos se den, conviene conocer una explicación biológica que puede ahorrarnos muchos malentendidos. Resulta que la configuración de los ojos de la mujer es diferente a la del hombre.

Debido a la tarea que debían realizar como protectoras del hogar, la estructura cerebral de la mujer fue desarrollando un ángulo de visión clara de al menos 45 grados por cada lado y por encima y por debajo de la nariz. Muchas mujeres disfrutan de una visión periférica de casi 180 grados.

Los ojos del hombre se configuraron para un tipo de visión de larga distancia, como si fueran un par de binóculos. En su tarea de cazador, el hombre necesitaba identificar una presa a gran distancia y perseguirla con la vista, sin distraerse con lo que le rodeaba. Por el contrario, la mujer necesitaba un amplio ángulo de visión para controlar que nada amenazara la cueva.

Las mujeres fueron perfeccionando una gran visión periférica, mientras que los hombres desarrollaron una visión cilíndrica.

Esto explica que los hombres nunca encuentren la mantequilla en la nevera ni los calzoncillos en el armario. Ellos tienen que mover la cabeza de arriba abajo y de un lado a otro, concentrándose en la búsqueda de los “objetos desaparecidos”. Las mujeres, de un vistazo, perciben todo lo que hay a su alrededor.

sábado, 1 de noviembre de 2008

COMO QUIEN OYE LLOVER





Óyeme como quien oye llover,
ni atenta ni distraída,
pasos leves, llovizna,
agua que es aire, aire que es tiempo,
el día no acaba de irse,
la noche no llega todavía,
figuraciones de la niebla
al doblar la esquina,
figuraciones del tiempo
en el recodo de esta pausa,
óyeme como quien oye llover,
sin oírme, oyendo lo que digo
con los ojos abiertos hacia adentro,
dormida con los cinco sentidos despiertos,
llueve, pasos leves, rumor de sílabas,
aire y agua, palabras que no pesan:
lo que fuimos y somos,
los días y los años, este instante,
tiempo sin peso, pesadumbre enorme,
óyeme como quien oye llover,
relumbra el asfalto húmedo,
el vaho se levanta y camina,
la noche se abre y me mira,
eres tú y tu talle de vaho,
tú y tu cara de noche,
tú y tu pelo, lento relámpago,
cruzas la calle y entras en mi frente,
pasos de agua sobre mis párpados,
óyeme como quien oye llover,
el asfalto relumbra, tú cruzas la calle,
es la niebla errante en la noche,
como quien oye llover
es la noche dormida en tu cama,
es el oleaje de tu respiración,
tus dedos de agua mojan mi frente,
tus dedos de llama queman mis ojos,
tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,
manar de apariciones y resurrecciones,
óyeme como quien oye llover,
pasan los años, regresan los instantes,
¿oyes tus pasos en el cuarto vecino?
no aquí ni allá: los oyes
en otro tiempo que es ahora mismo,
oye los pasos del tiempo
inventor de lugares sin peso ni sitio,
oye la lluvia correr por la terraza,
la noche ya es más noche en la arboleda,
en los follajes ha anidado el rayo,
vago jardín a la deriva
entra, tu sombra cubre esta página.