Mi hermana Elena
Elena de pequeña era una niña muy
inquieta y trasta, siempre hacia amigos con facilidad sin importarle el sexo, muy
deportista, siempre estaba en la calle jugando al escondite, al teje, al
futbol, al voleibol en aquellos tiempos en los que la tele no era lo principal,
sino relacionarse, comunicarse con los
demás. Quizás, de ahí, le viene esa facilidad innata que tanto envidio de poder
hablar en público, coger el micrófono esté donde esté, y expresar con tanta
claridad su pensamiento con orden y fundamento.
Siempre fue muy reivindicativa, abogada
de pobres, y gran luchadora de causas perdidas, en el trabajo, mas de una vez,
ha tenido problemas a causa de ello, y a veces, creo que no le han renovado
contrato por ser un grano molesto. Siempre ha sido muy inocente y le cuesta
trabajo ver la maldad en los demás, por eso, no siempre se ha sabido proteger
adecuadamente y ha estado expuesta a recibir daño, aunque creo que nunca le ha
dado excesiva importancia a esto, y prefiere seguir confiando en los demás. Así,
es más feliz y creo que tiene razón, no se puede vivir amargada por cosas sin
importancia.
A su lado he aprendido a ser mas
consciente de lo que es esencial en la vida, Elena ya no puede caminar, pero
estar a su lado es un continuo aprendizaje de la dirección que uno debe tomar
en la vida y como andar por ella, y aunque no pueda moverse, sigue siendo la
eterna luchadora que siempre fue, incansable y reivindicativa. Ahora ya no
trabaja, desde hace dos años y medio, pero aprovecha cualquier acto, cualquier
ponencia, cualquier manifestación, para exponer la necesidad y la ayuda tan
tremenda que necesita la enfermedad ELA en cada uno de sus estadios, y todas
las enfermedades que afectan al movimiento y la independencia. Y como ella dice…”
yo lo hago para plantar una semilla y que nazca un árbol con muchas ramificaciones,
y cuantos más frutos haya , pues mejor, cuantos más seamos reivindicando, más
fuerza haremos”.
La admiro, y tengo que expresarlo aquí porque
si no lo hago reviento. Ella me provoca una inyección de vida con sus palabras
y me da un animo increíble, se me quitan todas las tonterías de la cabeza, y le
doy cada vez más valor a la salud, la familia, a los nuestros, a la amistad, a
la naturaleza, y en definitiva a la vida.