Olvidaré el pulso de los rios
su caudal de memoria,
los nombres que nacieron
para morir sin fecha,
eternamente
como mueren los dioses que no mueren.
Y ganaré del tiempo su recuerdo,
una razón dispuesta a la locura
y el sentido de todos los fracasos
que habitan un dolor que solo duele.
No hay pureza en la herida que no sangra.
Somos seres humanos en suspenso
a ras de la impaciencia, del amor
que muerde con sus fauces
la lengua de la escarcha, el pulmón del frio
Tan sólo hombre y mujer aconteciendo.
Hemos envejecido en un poema
la vastedad del verbo
(que nunca ocurre a solas)
amar, con la inocencia venenosa
de los desheredados.
Dame sólo la libertad más pobre,
la misma vida.

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